el grafiti
se caracteriza por ser un arte que no solo se limita a expresar los elementos
léxicos y visuales que todos vemos y que son obvios, sino que transporta
consigo una serie de condiciones anteriormente citadas que el espectador es
capaz de absorber mediante la visualización de este tipo de expresión
artística.
Este término se refiere al elemento más bajo en esta escala
de complejidad debido a la relativa sencillez y al escaso tiempo empleado en su
ejecución. Los tags son la base del graffiti y nacen con él a finales de la
década de los 60, perdurando aún hasta nuestros días.
El arte del grafiti se
extiende en el análisis de los elementos léxicos y visuales que lo definen.
Pero como todo arte, no se adhiere únicamente a estos aspectos. A pesar de
presentarse como palabras, letras o dibujos, el espectador nunca podrá ver
estas exclusivamente como tales. El grafiti es más que una experiencia visual,
es también una experiencia temporal y espacial
Aunque
existen precedentes, a partir de finales de los años ochenta y en especial en
los años noventa se fueron adoptando nuevas técnicas como la aplicación de aerosol
con plantillas, y el pegado de carteles y pegatinas. Así parte del trabajo
artístico se hacía en casa o en el taller. Luego, en la calle, el trabajo se
hacía más rápido, reduciendo el tiempo que el artista está expuesto a ser
detectado.
Los
grafitis tradicionales, los vinculados a la cultura hip hop, han seguido
evolucionando, a veces influidos por el post-grafiti/arte
callejero, a veces con total independencia.




